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Llegó a Gregores para estudiar y echó raíces: la historia de Fabián Gabriel y su apuesta por producir en la tierra que eligió

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Fabián Gabriel llegó a Gobernador Gregores desde Puerto San Julián con un propósito: estudiar. Lo que probablemente no imaginaba entonces era que esa localidad terminaría convirtiéndose en el lugar donde echaría raíces, formaría una familia y dedicaría buena parte de su vida al trabajo con la tierra.

Allí conoció a Patricia Augustin, descendiente de una familia de productores de varias generaciones. Se casaron, tuvieron a sus hijos y juntos fueron construyendo su propio proyecto productivo, una chacra que lleva por nombre Los Grandotes.

La historia de Fabián está atravesada por dos actividades que siempre estuvieron vinculadas: enseñar y producir.

Durante años se desempeñó como profesor técnico profesional agropecuario en la Escuela Agropecuaria de Gobernador Gregores, institución de la que se jubiló. Pero su relación con la actividad rural nunca se limitó al aula.

En paralelo, junto a su familia, fue desarrollando diferentes experiencias productivas que hoy forman parte de la historia de su establecimiento.

“Siempre estuvimos produciendo. Pollos, lechones, conejos, hemos pasado por todo”, recuerda.

Esa diversidad habla de una característica que atraviesa el trabajo de muchos pequeños productores: la necesidad de aprender, adaptarse y encontrar nuevas oportunidades, muchas veces a partir de la experiencia cotidiana, la inversión familiar y una enorme cuota de perseverancia.

Cada árbol tiene detrás años de trabajo

Actualmente, Fabián concentra buena parte de sus esfuerzos en la producción de ajo y en los viveros forestales.

En Los Grandotes cultivan diferentes variedades de álamos y sauces, destinados, entre otros usos, a la formación de cortinas forestales y reparos, fundamentales en una región donde el viento forma parte del paisaje.

“Tenemos álamo Carolina y álamo criollo. Y en sauces tenemos híbridos, sauce eléctrico y el 524”, detalla con la precisión de quien conoce las particularidades de cada especie.

Cada variedad presenta características diferentes. Algunas se destacan por su forma, otras por la velocidad de crecimiento y otras por su utilidad para generar protección frente al viento

“El sauce híbrido crece más rápido, entonces en poco tiempo tenés una cortina o un reparo”, explica.

La producción de árboles requiere planificación y paciencia. No se trata solamente de plantar una estaca y esperar que crezca. Detrás hay preparación del suelo, disponibilidad de agua, cuidados durante varias temporadas y trabajo para garantizar que cada ejemplar pueda llegar en buenas condiciones a su destino.

Fabián explica que trabajan con árboles de dos, tres y cuatro años de desarrollo. Gracias a las condiciones productivas de Gobernador Gregores, algunos ejemplares pueden superar los dos metros de altura apenas cumplidos los primeros dos años.

“Ya a los dos años podés estar sacando un árbol de 2,20 o 2,30 metros”, señala.

Pero la altura no es lo único importante. También lo es el sistema radicular, indispensable para que el árbol pueda adaptarse una vez trasplantado.

Por eso, cuando llega el momento de extraer los ejemplares, procuran utilizar herramientas que permitan conservar la mayor cantidad posible de raíces. Una tarea que requiere cuidado y experiencia.

Cuando llega el agua, comienza una nueva temporada

La entrevista con Fabián se realizó en coincidencia con la apertura del sistema de riego de Gobernador Gregores, un acontecimiento que para las familias productoras representa mucho más que la circulación de agua por los canales

Es el inicio de una nueva temporada de trabajo y la posibilidad de poner en marcha tareas que dependen directamente de ese recurso.

“Ahora que están largando el agua, ya empieza la temporada de trabajo. Nosotros tenemos estaqueros, viveros, entonces empezamos con la plantación de los futuros arbolitos”, explica.

En su caso, la llegada del agua también resulta fundamental para avanzar con la producción de ajo, otro de los cultivos que actualmente desarrolla la familia.

“Justo ahora esperamos que venga el agua para empezar a trabajar, y los ajos también. Es importantísima el agua”, enfatiza.

En esta zona del valle del río Chico, la disponibilidad de riego es una condición esencial para sostener gran parte de la actividad agropecuaria.

Fabián señala que la temporada se extiende habitualmente desde octubre hasta mayo, período durante el cual los productores deben organizar las distintas etapas de cultivo, crecimiento y mantenimiento de sus plantaciones.

En Los Grandotes, la mayor parte de los árboles y del ajo se riega por manto, mientras que para otras producciones, como las frutillas que cultivaron durante años, llegaron a implementar sistemas de goteo alimentados desde tanques de agua.

La producción también conoce de pérdidas y nuevos comienzos

Con más de dos décadas de trabajo en la chacra, Patricia y Fabián han atravesado distintas etapas productivas.

Criaron animales, desarrollaron cultivos hortícolas, comercializaron bulbos y apostaron también a la producción de frutillas.

Esta última actividad dejó una marca particular en su historia. Una inundación, ocurrida años atrás, arruinó la plantación y significó una pérdida de la que no pudieron recuperarse lo suficiente como para retomar ese cultivo en la misma escala.

Es una de esas experiencias que permiten comprender las dificultades que enfrentan quienes trabajan la tierra: meses o años de esfuerzo pueden verse afectados por un fenómeno climático y obligar a replantear todo un proyecto.

Sin embargo, lejos de abandonar la actividad, la familia siguió buscando alternativas.

Hoy, la producción forestal y el ajo ocupan un lugar central dentro de la chacra, mientras continúan las tareas de invernadero y la crianza de animales que Patricia desarrolla con especial dedicación.

En cada actividad hay conocimientos acumulados, pero también una disposición constante a aprender y adaptarse.

De enseñar agronomía a compartir el trabajo con sus hijos

Para Fabián, la relación entre educación y producción adquiere hoy un significado especial.

Después de dedicar gran parte de su vida a la enseñanza agropecuaria, dos de sus cinco hijos eligieron seguir estudios universitarios relacionados con esa misma actividad.

Uno de ellos se encuentra próximo a recibirse de ingeniero agrónomo, mientras que la hija menor transita su segundo año de la carrera.

La posibilidad de que continúen vinculados a la producción familiar abre una nueva etapa para Los Grandotes.

Consultado sobre quién llevará adelante el proyecto cuando sus hijos finalicen sus estudios, Fabián responde con una mezcla de humor y confianza.

“Vamos a ir largando seguramente la batuta”, dice.

No es una frase menor. En ella aparece la posibilidad del recambio generacional, de combinar la experiencia construida durante décadas con nuevos conocimientos técnicos y de mantener en actividad un espacio que forma parte de la historia de la familia.

Fabián ya está jubilado de la docencia, pero no de la producción. Sigue trabajando la tierra, preparando estacas, cultivando ajo y esperando cada temporada de riego con la misma certeza que comparten tantos productores del valle: sin agua no hay desarrollo posible.

Las raíces que eligió

Hay una coincidencia especial entre la historia personal de Fabián y la actividad a la que hoy dedica sus días.

Llegó a Gobernador Gregores para construir su vida y terminó produciendo árboles junto a una de sus hija que otros llevarán a distintos lugares para ofrecer sombra, reparo y protección.

Con más de veinte años de trabajo en Los Grandotes, la familia ha sabido atravesar diferentes etapas, enfrentar pérdidas y reinventar su actividad sin abandonar la vocación productiva.

En una provincia donde las distancias son grandes, el clima impone desafíos y producir requiere una perseverancia cotidiana, historias como la de Patricia y Fabián permiten ponerle rostro al trabajo de las chacras.

Porque detrás de cada árbol que sale de un vivero, de cada bulbo de ajo y de cada nueva plantación, hay familias que destinan tiempo, recursos y esfuerzo a hacer producir la tierra.

Y para Fabián, que un día llegó a Gobernador Gregores con la intención de estudiar y terminó formando allí su hogar, echar raíces dejó de ser solamente una expresión: se convirtió en su manera de vivir.

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