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Cuando moverse también es cuidar: salud, deporte y prevención desde la infancia

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Hay momentos en los que una pelota deja de ser solamente una pelota. Un salto requiere preparación, un cambio de dirección necesita coordinación y una entrada en calor puede convertirse en una herramienta de prevención. Detrás de cada movimiento hay un cuerpo que crece, se adapta y necesita cuidados.

Esa mirada atravesó el encuentro desarrollado en Perito Moreno, en el marco de un proceso de capacitación destinado a profesores de Educación Física, entrenadores y líderes deportivos. El objetivo: acercar conocimientos y herramientas que puedan trasladarse a la práctica cotidiana y que permitan acompañar de manera más adecuada a niños, adolescentes y deportistas.

Pero también apareció una preocupación que excede el ámbito competitivo: muchos niños que durante la primaria participan con entusiasmo de las clases de Educación Física comienzan, al llegar a la adolescencia, a perder la motivación y a alejarse de la actividad física.

El deporte también cambió y las formas de prevenir, también

El Simposio, que tuvo su puntapié inicial en Río Gallegos y continuó en Perito Moreno, abordó contenidos vinculados con la rehabilitación, la kinesiología y la readaptación deportiva.

En este espacio, Sofía Anaquín compartió la experiencia de trabajo junto a Marcelo Vidal, licenciado en Kinesiología y Fisioterapia, de Puerto Deseado, y María Ángeles Pidone, licenciada en Kinesiología y Fisiatría de El Chaltén, además de destacar el trabajo interdisciplinario que se desarrolla con María Belén Aguirre, licenciada en Nutrición, dentro del acompañamiento a los deportistas.

“Con este trabajo que realizamos de manera conjunta, que se transforman en jornadas tendientes a aportar herramientas desde la rehabilitación y readaptación deportiva, porque hay una actualización de conceptos en cuanto a cómo el deporte ha cambiado”, explicó.

En ese proceso, la mirada sobre las lesiones también se modificó.

“Porque antes se creía que una lesión deportiva tiene una única causa, que se puede prevenir si mejoramos ciertos aspectos, cuando en realidad las lesiones deportivas son parte del deporte, porque hay muchos factores que influyen: desde lo físico, desde lo psicoemocional, desde las dosificaciones de la carga”, señaló.

Por eso, el desafío no consiste solamente en tratar una lesión cuando aparece, sino también en comprender qué factores pueden ocasionarla y de esta manera, trabajar antes de que ocurra.

Antes de empezar, preparar el cuerpo

Entre las herramientas que pueden incorporarse desde edades tempranas aparecen acciones sencillas: trabajar descalzo para mejorar la percepción corporal, realizar una entrada en calor relacionada con las demandas específicas del deporte y sumar movilidad articular, flexibilidad dinámica y activación muscular.

No todos los deportes exigen lo mismo. Hay disciplinas que requieren saltos; otras, cambios de dirección, lanzamientos o un uso específico de las piernas. La entrada en calor, entonces, también debe tener un propósito.

En los niños, además, existe una particularidad relacionada con el crecimiento.

Anaquín explicó que durante esa etapa “las palancas óseas crecen y el músculo y los tendones están más acortados porque no van al mismo ritmo que el hueso”.

Por eso, sostuvo que “la flexibilidad dinámica, después la activación muscular, es central antes de tomar la pelota o cualquier elemento deportivo”. Y hay algo más: el enseñar. para que el cuidado pueda convertirse en hábito.

“Vos le enseñas tres veces y ya lo pueden hacer solos, porque constituye una introducción a la práctica deportiva que es básica y esencial porque tiene gran impacto en el sistema nervioso, porque se lo activa y se lo prepara para la actividad de alta demanda”, explicó.

Crecer también requiere cuidados

La infancia y la adolescencia son etapas de importantes transformaciones físicas. Por eso, conocer esos procesos resulta fundamental para quienes acompañan a los jóvenes en la práctica deportiva.

La profesional explicó que hasta aproximadamente los 14 o 15 años los huesos todavía no están completamente consolidados. En esa etapa pueden existir mayores riesgos frente a determinadas lesiones relacionadas con el crecimiento, especialmente si las cargas de entrenamiento no están adecuadamente dosificadas. A esto se suma otro aspecto que preocupa: la especialización deportiva temprana.

Según explicó la profesional, en niños de 11 y 12 años se observa en algunos casos la práctica de un único deporte durante períodos prolongados. Esa repetición constante, especialmente cuando existe poco tiempo de recuperación, pueden provocar lesiones por sobreuso.

“Lo que más vemos es un exceso de gestos repetitivos en poco tiempo y con poco tiempo de recuperación a veces, y estos casos son parte de los chicos que atendemos”, señaló.

Frente a esta realidad, la propuesta es que hasta los 15 años los jóvenes puedan experimentar diferentes disciplinas: El objetivo no es solamente ampliar sus experiencias deportivas. También se busca disminuir el riesgo asociado a la repetición permanente de determinados movimientos y permitir que el cuerpo se desarrolle acompañado por diferentes estímulos.

La adolescencia: cuando aparece el desafío de no abandonar

Pero hay otro momento en el que algo comienza a cambiar: el paso de la primaria a la secundaria. En el intercambio entre profesionales durante el Simposio apareció una situación que genera preocupación: estudiantes que durante la escuela primaria participan con entusiasmo de las clases de Educación Física y que, al llegar a la adolescencia, pierden motivación.

“Los chicos de primaria van contentos, felices, no tienen problema de cumplir las reglas, y el tema de la adolescencia recae mucho en esa motivación”, explicó Anaquín.

No todos llegan a esa etapa con la misma experiencia. Algunos adolescentes ya practican una disciplina y encuentran en la clase de Educación Física un espacio más de movimiento. Otros nunca tuvieron contacto con un deporte y necesitan un estímulo diferente para comenzar.

En ese punto, la profesional considera que los profesores tienen un papel fundamental: motivar, acercar alternativas y generar el primer impulso para que cada estudiante pueda descubrir una actividad que le resulte atractiva.

No se trata solamente de músculos y movimiento

La actividad física también construye herramientas para la vida. Sofia Anaquín lo expresó de manera directa explicando que resulta ser “muy beneficiosa, porque además creo que te marca y te representa a vos como persona: el no tener miedo el día de mañana a afrontar cuestiones de la vida diaria, a tener seguridad, a poder animarse”.

Y agregó que se trata de una cuestión que va “más allá de la parte motriz, desde poder desafiar y tener mejor razonamiento mental”.

Por eso, hablar de actividad física no implica solamente hablar de rendimiento, competencia o condición física. También significa hablar de vínculos, seguridad, confianza y experiencias compartidas.

Una puerta abierta para todas las edades

El mensaje no está dirigido únicamente a quienes ya practican un deporte, porque tanto los niños, adolescentes, adultos y adultos mayores pueden acercarse a un polideportivo, un gimnasio municipal, un club o un espacio destinado a la actividad física y comenzar a buscar aquella disciplina que despierte su interés.

La recomendación de Anaquín nace, en buena medida, de su propia historia: probar, conocer, cambiar si algo no les gusta y seguir buscando hasta encontrar una actividad que genere ganas de regresar.

En ese proceso, también aparecen los vínculos. Los compañeros, los profesores, los nuevos grupos y las experiencias compartidas pueden convertirse en una motivación para sostener el movimiento.

Del conocimiento a una política de cuidado

El Simposio permitió poner en común conocimientos y experiencias, pero también reforzó una mirada que atraviesa el trabajo de la Secretaría de Estado de Deportes: la actividad física, la prevención y el cuidado de la salud forman parte de un mismo camino.

La tarea interdisciplinaria entre kinesiología, nutrición, preparación física y deporte permite acompañar a los deportistas desde diferentes dimensiones y generar herramientas que puedan incorporarse a la vida cotidiana.

En ese sentido, el movimiento deja de ser solamente una actividad que se realiza durante una hora determinada. Se convierte en una práctica que puede comenzar en la infancia, atravesar la adolescencia y acompañar a las personas durante toda su vida.

Y quizás allí esté una de las preguntas más importantes que dejó este encuentro en Perito Moreno: ¿cómo hacemos para que nuestros niños y jóvenes vuelvan a encontrar en el movimiento una experiencia que quieran sostener?

La respuesta no parece estar en una única disciplina ni en una única estrategia. Puede comenzar con algo mucho más sencillo: ofrecer la oportunidad de probar, acompañar, enseñar y volver a despertar el deseo de moverse.

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